Cap 6 – Lucifer, eres un romántico

Era un domingo de tormenta. De esas tormentas que te hacen volver a respetar el poder indomable de la naturaleza. Aún así, Julián, como buen devoto, se dirigía a la iglesia. Las calles estaban vacías, el viento silbando en sus oídos lo ensordecía y la lluvia le impedía ver a lo lejos.

A duras penas, Julián atravesó las gruesas puertas de la iglesia, cerrándolas tras suyo. El salón estaba vacío y tenía el presentimiento de que así se quedaría. Lanzó un suspiro cansado, pensando en sus quehaceres del día cuando encontró una mancha oscura en el piso. Era una gran mancha líquida que formaba un camino hacia las casillas de los confesionarios.

Julián se arrodilló y tocó el líquido. Al verlo más de cerca, su rostro palideció al reconocer aquel camino oscuro como un rastro de sangre. Lo siguió hasta los confesionarios y abrió de golpe la puerta donde este desaparecía. Esperaba encontrarse con un vagabundo accidentado o un criminal baleado; pero al abrir la puerta, lo que vio fue a un adorable chico de cabellos blancos y ojos grises con sangre manando de su espalda y el rostro bañado en lágrimas.

–Cassiel…

–¡Julián! –Cassiel se lanzó sobre Julián y lo abrazó con mucha fuerza–. ¡Perdóname, Julián, perdóname! Haré lo que quieras, pero déjame estar contigo –rogaba, ocultando su húmedo rostro en las ropas mojadas de Julián.

–¿Qué…? –Julián le devolvió el abrazo y en el proceso obtuvo una vista cercana de la herida. Las dos alas de Cassiel habían sido cruelmente arrancadas–. ¡¿Qué te sucedió?! ¿Quién te hizo esto?

–Luzbel –respondió entre el llanto–. No quería… No quería que abandonara la tierra; así que, me arrancó las alas.

Julián sintió una puntada de odio hacia el susodicho. ¿Cómo podía alguien atreverse a herir a Cassiel? Era una molestia la mayor parte del tiempo, pero en el fondo… En el fondo, era bueno.

No entendía por qué lo habían echado del Paraíso. En un principio, había pensado que su mal carácter y sus malos hábitos habían sido suficientes para condenarlo, pero al conocerlo se había dado cuenta de que era tan solo un niño que deseaba aprender. ¿Quién podría herir a un niño? De repente, Julián comenzó a odiar a todos. Al cielo, al infierno, a todos… Abrazó con más fuerzas a Cassiel, tratando de tranquilizarlo.

–Ya, tranquilo. Ya estoy aquí.

–Julián, yo solo quiero quedarme contigo –confesó–. Yo… hice todo eso para que me echaran y, de esa manera, tener la oportunidad de conocerte. Conocerte antes de…

–De ir al infierno –completó Julián–. Yo dije que fueras… No quise decir que…

–Sólo –lo interrumpió–… solo dime que puedo quedarme contigo. Prometo ser bueno, prometo ayudarte, Julián, Julián –llamó con algo de desesperación. Tomó el rostro de Julián entre sus ensangrentadas manos y acercó sus labios a los de otro–. Quiéreme, Julián. Quiéreme tanto como yo te quiero a ti –suplicaba, mientras su conciencia se escapaba con la sangre que caía al piso.

Julián estaba al borde del llanto. Se sentía tan triste por haber dejado que aquello le sucediera a su ángel. Olvidó de golpe sus votos de celibato, de cero contacto humano, y besó a Cassiel. Un beso corto y sencillo, segundos antes de que Cassiel perdiera la consciencia entre sus brazos.

Julián pensaba desesperado qué podía hacer para parar la hemorragia que se llevaba la vida del ángel, cuando notó que la sangre dejaba de escurrirse y las heridas se curaban a una velocidad imposible.

–Luc, eres un romántico –dijo la animada voz de un niño con sonrisa pícara. Estaba sobre el altar, partiendo una pequeña hostia en miles de pedazos idénticos. A Julián, le recordó el milagro de la multiplicación de panes y tembló.

–Deja de molestarme. Sólo lo hago, porque es mi hermano –el que contestó era un joven que vestía un elegante traje blanco–. Quiero que sea feliz. Aquí en la tierra hay tanto que puede hacerlo reír –la mirada azul del joven se posó en Julián y los finos labios se curvaron en una sonrisa, que Julián no devolvió.

–Sigo diciendo que eres un romántico –repitió el niño, mientras comenzaba a desaparecer–. No sólo le quitaste las alas para que los demás caídos no lo molestarán, sino que lo curaste.

–Tú comenzaste. Lo dejaste salir muy fácilmente –el otro también desaparecía, aquel que había llamado hermano a Cassiel.

–No niego mi romanticismo. Ya sabes que yo soy amor…

“¿Acaso eran el Gran Jefe y el Portador de Luz?”

Era de noche y Cassiel dormía plácidamente. Julián se levantó con mucho sigilo, prendió una pequeña lámpara y tomó un cuaderno. Después de mucho pensarlo, decidió que para  ayudar y amar no era necesario ser un padre. Pero, se quedó con la sotana para darle gusto a Cassiel.

Abrió el cuaderno y tomó un lápiz. Tratando de encontrar las palabras perfectas para comenzar su historia, lanzó un rápido vistazo a la ventana, ya por costumbre. Y la frase llegó en ese mismo instante…

Un ángel cayó del cielo… y, haciendo añicos la ventana, terminó en mi cama.

Anuncios

2 thoughts on “Cap 6 – Lucifer, eres un romántico

  1. Ohhhh!!! me ha encantado Leia, ha sido un relato que me ha llevado y traido muchas y buenas sensaciones. Genial. …lo sacaras completo y en forma de relato para descarga? Está divino.Gracias

  2. Leia aquí, agradeciendo tus adorables comentarios. Me alegra que lo hayas disfrutado, es la meta de casi todo lo que hago y lo de sacarlo para descarga, lo estamos planeando… Gracias por la idea!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s