Cap 1 – Ángel sobre la cama

Julián estudiaba con ahínco sus materias. Libros sacros apilados aquí y allá, cruces y cuadros de santos colgados en las paredes. Nadie en su familia aceptaba su decisión y el mayor apoyo que había conseguido fueron comentarios de incredibilidad y algunos de admiración. Nadie le había dicho que había elegido bien, pero él sentía en el alma que aquel era su camino, que había nacido para ser padre. No era fácil, estaba solo y había mucho por hacer y mucho por sacrificar. Sin embargo, no se veía haciendo otra cosa. Entregarse para salvar las almas de los demás. Sonaba tan poético y heroico. Lo haría y nada lo detendría. Ya había hecho votos de castidad y de humildad. Sería puro hasta el final de sus días y ayudaría a tantos de la mejor manera que pudiera, sin importar quiénes fueran, de dónde vinieran o a dónde fueran…

Estaba terminando de estudiar uno de los sermones del Nuevo Testamentos, uno de esos que hacía mucho énfasis en el perdón y la redención, sentado frente a su austero escritorio en su también austera habitación, cuando sucedió. El súbito crepitar de los vidrios rompiéndose, un golpe seco contra la pared y luego contra la cama. Algo había roto su ventana, se había estrellado con fuerza contra la pared opuesta y había caído sobre su cama. Algo que parecía un adorable chico de cabellos blancos y ojos grises con alas en la espalda…

No, no parecía un adorable chico de cabellos blancos y ojos grises con alas en la espalda. ERA un adorable chico de cabellos blancos y ojos grises con ALAS en la espalda.

–Así que, la castidad puede volverte loco.

Después de sobreponerse de la impresión que le causaron las bellas alas blancas que se desprendían de la espalda del chico, lo siguiente que notó Julián no fueron los bellos y perfectos rasgos de su rostro o los delicados brazos con las gráciles manos que arrancaban los pedazos de vidrios desperdigados por su cuerpo. No, Julián era un alma servil que se dedicaría a ayudar al prójimo, sin importar que este fuera hombre o mujer, creyente o ateo, inocente o culpable… Con alas o sin ellas. Lo siguiente que notó fueron las heridas. De inmediato, se levantó y fue a buscar su equipo de primeros auxilios. Aquella noche aprendió a curar a un adorable chico de cabellos blancos y ojos grises con alas en la espalda que había caído del cielo directamente sobre su cama. Y también aprendió que la castidad es un sacrificio demasiado grande.

“Esta para chuparse los dedos y yo a un paso de obtener la sotana”.

Esa noche, Julián no durmió nada. Estudió atentamente al chico que dormía en su cama. Era de una belleza imposible, como si todo su cuerpo hubiera sido creado a conciencia para ser infinitamente espléndido. Parecía joven, a pesar del color de sus cabellos. Respiraba apaciblemente, sumido en un profundo y envidiable sueño. Julián se preguntó qué estaría soñando, si que es soñaba. “¿Acaso los ángeles sueñan?”, se reprochó por pensar que el chico era un ángel sólo por la forma en que lucía. Aunque, si no era un ángel, ¿qué era? No tenía conocimientos de seres humanos imposiblemente hermosos con alas. ¿La ciencia había avanzado tanto mientras él se pasaba encerrado días enteros en la biblioteca, estudiando la palabra de Dios? Eso no podía ser posible. El chico que tenía enfrente debía ser un ángel. Un ángel que cayó del cielo y fue a parar a su cama. Eso de la abstinencia se volvía cada vez más pesado.

Se obligó a levantarse y salir de la habitación. Debía alejar su mente de tales pensamientos; así que, salió al patio, a respirar el fresco aire nocturno y pensar qué haría con el chico. Tal vez, debería hablar con sus superiores, contárselo a todos en la iglesia. Tenía a un verdadero milagro durmiendo en su habitación. Cuando el chico despertara, podría plantearle la idea de mostrarse al mundo y así, teniendo una prueba concreta de la existencia divina, todo el mundo se convertiría y todo el mundo sería salvado. Nada de apocalipsis, nada de elegidos. Julián sentía pavor al imaginar que sólo unos pocos podrían salvarse. Le parecía injusto. Quería que todos se salvaran.

Y mientras pensaba en eso con tanto énfasis, no fue capaz de percibir la presencia del chico hasta que este se paró a su lado, cubierto por las sábanas de la cama. Bostezaba abriendo muy grande la boca, mirando al horizonte, donde ya podían vislumbrarse algunos rayos de sol. Levantó una mano y señaló una estrella en el fondo, una gran estrella que brillaba a pesar de la insistente presencia del sol.

–Ese es Luzbel, mi hermano. El lucero del alba, el portador de la luz. El primero que cayó. Le siguieron otros en el pasado y ahora le sigo yo.

¿Había escuchado bien? ¿El chico que tenía al lado era hermano de Lucifer, el primer ángel caído? ¿El milagro que necesitaba para volver creyentes a todos y cada unos de los seres humanos resultó ser un adorable ángel caído de cabellos blancos y ojos grises? La abstinencia era un fraude. Dios no te favorece más por sacrificar más.

–¿Cómo que… le sigues? –se atrevió a preguntar Julián, sólo para estar seguros.

–Me han echado del Paraíso… y por una tontería enorme –respondió el chico.

–¿Qué has hecho?

–Nada. Sólo intenté liarme con Miguel –las piernas de Julián dejaron de responder y perdieron fuerzas. Su dueño cayó sentado al piso–. Como si no lo deseara hasta el mismísimo Gran Jefe.

¡Su angelito terminó siendo un pervertido!

5 thoughts on “Cap 1 – Ángel sobre la cama

  1. Excelente, me encantó… casi puedo ver al ángelito con sus ojitos dulces y una sonrisa pícara en el rostro jajajajaja estuvo buenísimo, ojalá haya más.

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