Seguro

SEGURO

por Jaime Samms

Traducido por Gini

brass lock

—¿Mamá? —Andy se sentó a la mesa delante de su madre—. Mamá. No has dicho nada. —Él no podía mirarla a la cara, pero se conformaba con mirar el bolígrafo con el que ella tachaba en el delgado papel color café de su libro de rompecabezas.

Por fin, ella lo miró por encima de sus anteojos. —¿Qué debo decir?

Andy se mordió los labios y empujó migas de pan tostado formando una pequeña pila en frente suyo. —Es algo importante. Es decir, pensé que tendrías algo que decirme.

—Andrew. —Él levantó la mirada justo cuando ella extendía el brazo y colocaba su mano sobre la de él—. Te conozco nueve meses más que los demás. ¿Pensabas que no lo sabía?

—Nunca dijiste nada.

Sacudió la cabeza y agarró su bolígrafo para completar algunos números en el sudoku, escuchándose un poco exasperada. —Nunca dije nada sobre ese atroz corte de cabello tampoco, ni sobre el cuervo en tu hombro.

—¿Cómo supiste sobre eso?

—Soy tu madre, Andrew. ¿Crees que no presto atención?

La volvió a atrapar mirándolo por encima de sus anteojos y no pudo evitar mostrar una sonrisa retorcida.

—Bueno, si me hubieras preguntado sobre el tatuaje te hubiera dicho que hacértelo sobre el hueso te iba a doler como el demonio.

—¿Cómo sabes eso?

Ella sonríó y regresó a su rompecabezas.

Andy se levantó de la mesa y con cuidado se echó las migas en la mano para tirarlas en el fregadero antes de marcharse. Se detuvo en la puerta para mirarla dar un trago a su café y completar su rompecabezas. —¿Mamá?

­—¿Mmm?

—Te amo

—Yo también, cariño. Oye, cuando empaques, ni se te ocurra coger mis Cds.

—Sí, sí.

Sonrío y se marchó, subiendo las escaleras de dos en dos hacia su cuarto. No tenía que empacar todavía, pero sí tenía que cambiarse la ropa. Tenía una cita con Paul a las 3:00 para comprar algunas cosas. Ya tenían una pequeña casa a la que se mudarían y necesitaban cerraduras nuevas. Paul insistía en que sabía cómo instalarlas. Andy tenía el número de un cerrajero en caso de que lo necesitaran.

Justo en ese momento, sonó el timbre de la puerta y su madre se levantó, empujando la silla hacia atrás, raspando el piso. Un minuto después, ella le ofrecía a Paul un poco de café y un paquete de excelentes galletas que había comprado en la tienda. La risa cálida de Paul subió por las escaleras y Andy se pasó apresuradamente una mano por el cabello y giró hacia el pasillo y las escaleras.

—Ahí estas. —Paul se levantó y caminó hacia él, pero detuvo su movimiento a medio camino y se quedó inmóvil torpemente en el centro de la sala, con los pulgares metidos en los bolsillos traseros de sus pantalones vaqueros. Sonrió—. Hola.

Andy casi se rio, pero, en cambio, lo abrazó. Por un minuto, Paul se quedó quieto antes de abrazarlo también cuidadosamente.

—De acuerdo. —Miró con el ceño fruncido a Andy cuando este lo soltó.

—Él ya me conto, Paul. —La madre de Andy señaló las sillas delante de ella en la mesa—. No —añadió con una ceja alzada y una mirada penetrante al joven— es como si ya no supiera que te estabas acostando con mi hijo hace más de un año. —Paul se sonrojó, y Andy siseó a su madre, pero ella solo ladeó la cabeza de lado a lado y agarró una galleta—. Supuse que él me hablaría cuando estuviera listo, y así fue. —Movió la mano de nuevo—. Siéntense.

Obedientes, los jóvenes agarraron las sillas y se sentaron.

—Ahora. —Señaló una bolsa de papel color café que había sobre la mesa—. ¿Qué es eso?

Paul olvidó su incomodidad y sonrió mostrando sus hoyuelos, Andy quería inclinarse y besarlo. —Mira. —Abrió la bolsa y metió la mano dentro—. Había una venta de garaje calle abajo. Me detuve y encontré esto. —Sacó una cerradura. El pesado mecanismo de metal retumbó cuando lo soltó en la mesa—. Creo que el viejo se está mudando y deshaciéndose de la basura de su garaje. Fue gracioso. —Paul miró a Andy, sonriendo con ternura—. Le dije que me estaba mudando con mi novio. Pensé que se escandalizaría un poco, pero solo sonrío y me la dio. No aceptó el dinero. —Paul señaló la etiqueta con $25.00 temblorosamente escrito a mano—. Es un precio justo. Jamás ha sido usada, y aun tenía las dos llaves, pero no quiso aceptar ni un centavo. Añadió esto.

Paul estiró el brazo para agarrar unos papeles enrollados sobre la encimera. —No sé mucho sobre arquitectura.

—Yo sí. —Andy agarró los planos y los desenrolló. Por unos minuto, estudió el diseño, una ola de excitación surgiendo lentamente por su cuerpo—. ¿Él te los dio?

—Ajá.

—Nosotros construiremos esta casa algún día.

—¿Porque? Tenemos una casa.

—Pero no como esta. —Andy enrolló los planos con cuidado—. Se parece mucho a la que quieres, Paul. Voy a construirla para ti. —Andy sujetó la mano de Paul—. Tal vez no mañana, pero cuando nos graduemos y trabaje a tiempo completo en una firma de arquitectos, construiré esta casa para ti. —Él le sonrío a Paul, solo para ver una mirada perpleja en su rostro—. ¿Qué sucede?

Andy apretó los dedos de Paul con fuerza. —¿Dije algo malo?

—Dices ‘algún día’ como si no lo dudaras para nada.

La emoción de Andy se esfumó para ser reemplazada por el miedo. —No lo dudo. ¿Tú sí?

—¡No! —Paul agarró la mano que Andy trataba de retirar—. Pero pensé… —Miró a la madre de Andy y bajó la voz—. Pensé que tal vez no estarías seguro, ya que siempre pareces dudar.

—Estoy seguro. —No le importaba que su madre los mirara alzando las cejas. Se acercó a Paul y lo besó—. Estoy muy seguro.

©Dreamspinner Newsletter Mayestudiolay 2012

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