Alguien quiere pizza?


Era el tercer viernes por la noche que el lindo chico rubio del número 6 ordenaba una pizza. La misma pizza. Jamón y champiñones, sin aceitunas, sin cebolla. Nada elaborado. El chico era evidentemente una criatura de hábitos. Connor sabía que no debía abrir la caja e inspeccionar la pizza, pero no podía evitarlo. Era curioso por naturaleza, y este chico hacía que fuera más curioso que de costumbre.

Connor rondó fuera de la puerta antes de tocar el timbre. Se movió nervioso mientras escuchaba pasos antes de que quitaran el cerrojo. Sonrió de oreja a oreja cuando la puerta se abrió.

–Hola. ¿Pizza?

El chico de número seis sonrió débilmente.

–Sí, gracias.

Hizo un gesto con su brazo, y Connor entró al apartamento, colocando la pizza sobre una pequeña mesa en el pasillo. Esto era nuevo. Connor solía entregarle la caja en el umbral de la puerta.

Número 6 hurgó en su bolsillo y sacó un par de billetes arrugados.

–¿Cuánto te debo?

–Trece cincuenta –contestó Connor. Igual que la última vez, pensó, y la vez anterior.

–Ah, sólo tengo billetes de veinte. ¿Tienes cambio?

–Espera un momento –Connor luchó mientras buscaba en los bolsillos de sus ceñidos jeans negros, pero sólo sentía monedas allí.

–Maldición, no me alcanza. Sólo tengo un par de dólares en monedas de veinticinco centavos.

–Nah, está bien, quédatelo –número seis negó con su cabeza.

–¿En serio? Qué generoso. Me aseguraré de tener cambio la próxima vez.

–Supongo que este es un modo de hacerme ordenar de nuevo –número 6 sonrió de nuevo.

–Lo más importante es complacer al cliente –Connor sonrió y le hizo una guiñada.

En las mejillas del chico aparecieron repentinamente unos hoyuelos y Connor supo que se había quedado mirándolos. Apartó la mirada y caminó de espaldas hacia la puerta.

–Bien, supongo que te veré el próximo viernes.

–Disfrútala –dijo, señalando con la cabeza la caja de pizza.

–Gracias lo haré.

****

Connor abrió la caja e inhaló profundamente. Jamón y seta otra vez, qué sorpresa. Equilibró la caja con cuidado en una mano y apretó el timbre.

El chico tardó unos minutos en contestar y la mano de Connor comenzó a quemarse. Hizo malabares con la pizza y estaba frotándose la mano en el muslo cuando la puerta finalmente se abrió.

–Te tomaste tu tempo. ¿Por qué te demoraste?

Número 6 se apoyó en el marco de la puerta con los brazos cruzados.

–¿Qué pasó con ‘lo más importante es complacer al cliente’?

Connor hizo una mueca de dolor y sopló sus dedos.

–Sí, bueno, pero me duele, hombre. ¿Me ayudas? –empujó hacia adelante la caja de pizza y entró.

–¿No tienen guantes o algo así?

–O algo así –Connor murmuró. Miró hacia el pasillo y vio una puerta que daba a un pequeño cuarto de baño.

–Me sentiría mejor si me echara agua fría –movió sus dedos rojos.

–¿Puedo pasar?

–Seguro –número 6 empujó la puerta y abrió la llave.

Connor metió los dedos bajo el agua helada y cerró los ojos con un gemido. Eso se sentía genial. Abrió los ojos y descubrió a número 6 mirándolo atentamente. La expresión en su rostro hizo que Connor se moviera nervioso.

–¿Qué? –Connor preguntó.

Número 6 sacudió su cabeza y se alejó.

–Ah, nada –rebuscó en los bolsillos de su jean.

–Trece cincuenta, ¿verdad?

–Sí, pero te debo el cambio de la semana pasada, ¿recuerdas? Dame diez y estamos a mano.

–Está bien, gracias.

Connor captó un breve destello de aquellos hoyuelos otra vez y las mariposas en su estómago aumentaron. Maldición, el chico era increíblemente atractivo. Connor se secó las manos deprisa con su camiseta y tomó diez dólares.

–¿Te veo el próximo viernes?

–Hasta el viernes.

–Es una cita –Connor sonrió abiertamente y salió del apartamento.

****

Cuando Connor apretó el timbre, el chico abrió la puerta de un tirón tan rápido que él tropezó hacia atrás de la sorpresa.

–Maldición, ¿me esperabas?

–Tal vez. Me sentí mal por lo de tu mano la semana pasada –número seis se veía avergonzado.

–Ah –Connor extendió los dedos delante del rostro del chico.

–Estoy bien. Mira, se curaron –le tendió la caja de pizza.

–Lo habitual, señor.

–Vaya, gracias.

Connor recibió una amplia sonrisa con unos intensos hoyuelos. Casi se disolvió en un charco sobre el piso de brillante madera.

–¿No estás aburrido? –soltó.

–¿Qué?

–O sea, con la pizza. Ordenas lo mismo cada semana. ¿No te gusta la variedad?

–Sé lo que me gusta. ¿Qué hay de malo con eso? –número 6 arqueó una ceja.

–Nada, es solo que algunas veces, tú sabes, algo nuevo puede ser mejor.

–Sí. Supongo que tienes razón. Tal vez intentaré algo diferente la próxima vez –número 6 miró a Connor y asintió despacio.

–Deberías. No sabes de lo que te pierdes.

–¿Qué me recomendarías?

–Bueno, a mí me gustan muchas cosas. El pollo BBQ está bien. Me gusta también la carne picante. O el pepperoni.

–Un amante de la carne, ¿eh?

–Así es –Connor se rió.

Número 6 estudió a Connor por un momento, y después le entregó el dinero con una sonrisa.

–Lo recordaré, gracias.

–De nada –Connor dio un paso atrás y le hizo una guiñada al chico.

****

¿Carne picante Y pepperoni? El chico realmente se había lanzado. Los deliciosos aromas le hicieron  agua la boca a Connor mientras tocaba el timbre.

La puerta se abrió con rapidez, y Connor se quedó boquiabierto. Era obvio que el chico se estaba vistiendo apresuradamente. Su cabello rubio estaba mojado y su camiseta estaba pegada a su pecho húmedo.

–Perdón –número 6 miró hacia abajo a su desarreglada apariencia.

–Se me hizo tarde hoy.

–Oye, no necesitas disculparte. Sólo soy el chico que entrega la pizza –Connor apartó la mirada del maravilloso cuerpo que tenía enfrente y levantó la caja. Olió apreciativamente.

–Sin duda, apruebo tu opción de esta semana.

–Sí, bueno, pensé que podía intentarlo. Tomar un riesgo –número 6 se encogió de hombros y curvó los labios en una pequeña sonrisa.

–Me alegro. Estoy seguro de que te gustará –Connor sonrió abiertamente.

Número 6 tomó la caja e inspeccionó el contenido.

–Se ve realmente bueno –echó un vistazo a Connor por debajo de sus pestañas.

El estomago de Connor dio un brinco. Se acercó un poco y bajó la voz baja.

–Mira, puede que me esté equivocando aquí, pero…

–¡CONNORRR! –una voz femenina gritó desde el vestíbulo.

Connor se sobresaltó y giró con aire de culpabilidad.

–¿Estás listo ya? La cena se enfría –la voz dijo.

–Mi hermana, perdón –Connor hizo un gesto por encima de su hombro.

–¿Tu hermana? ¿Entrega pizzas también? –número 6 frunció el ceño confundido.

–Esto…, no exactamente.

–¡Connor! –una cabeza oscura se asomó por una de las puertas dos apartamentos más abajo.

–Pensé que habías dicho que tardarías sólo un minuto. Trae tu trasero aquí. ¡Muero de hambre!

–Sí, en un momento –Connor gritó de vuelta.

Número 6 se veía totalmente perplejo. Sus ojos marrones miraron de arriba a abajo el cuerpo de Connor, fijándose en los jeans casuales y la camiseta que llevaba.

–Nunca llevas uniforme –murmuró– o una gorra.

–Bueno, no –Connor se mordió el labio.

Número 6 sacudió la cabeza, las cosas comenzaron a caer lentamente de su lugar.

–Y nunca traes las pizzas en una bolsa o algo así.

–Esto…, no.

–No entregas pizzas, ¿verdad?

–Sólo a ti –había sido descubierto.

–¿Cómo dices?

–Podría decirse que yo… las interceptaba.

–¿Qué? ¿Pero cómo? ¿Por qué?

–Todos los viernes por la noche también ordenaba una –Connor se inclinó un poco más cerca y descansó su antebrazo en el umbral de la puerta de manera seductora.

–¿No puedes adivinar por qué?

–Ah, entiendo –número 6 se puso un poco nervioso. Miró la caja de pizza en sus manos como si apenas recordara que la sostenía. La puso sobre la mesa en el pasillo y se limpió las manos en la parte posterior de sus jeans. Giró a mirar a Connor con una risa tímida.

–Entonces, supongo que te debo.

–Esta va por mí esta noche. Puedes comprarme la cena la próxima vez –Connor negó con la cabeza sonriendo.

–Próxima vez, ¿eh?

–¿Estás libre el próximo viernes?

–Podría –número 6 se guardó las manos en los bolsillos.

–¿Te apetece una pizza?

Número 6 río y bajó los ojos a la boca de Connor.

–No realmente. … eh … También tengo algo que confesar.

–¿Sí?”

–En realidad, no me gusta la pizza.

–¿No? ¿Entonces por qué tú…? Ah. Ah –la sonrisa de Connor se ensanchó. Se acercó más y extendió su mano.

–Soy Connor. Vivo en el número 9.

Número 6 estrechó la mano de Connor.

–Brice.

–Brice –Connor sujetó su mano calurosamente y saboreó el nombre en su lengua.

–Encantado de conocerte. Finalmente.

© Anna Birmingham

*Original publicado en el Dreamspinner Newsletter. Traducido por HEST*

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